Capítulo #13
De la
destrucción y el renacimiento
He escuchado varias veces que el número trece es de
mala suerte, a mi no me consta, pero si este suceso tuvo que ser narrado en el
capítulo trece, algo habrá de cierto con ese rumor, ¿No?. (De cualquier modo yo
no creo en las supersticiones, es de mala suerte) (risas).
Bueno, supongo que este será uno de los capítulos más
importantes, y tal vez no tanto por los hechos o las palabras, sino por el
significado y las consecuencias, pero basta de preámbulos, vamos a los hechos.
En el polo, por primera vez desde que había llegado,
se respiraba una especie de “ambiente familiar”, pues si, por muy ridículo que
suene, así era.
Primero las damas: Dai-chan se mantenía como siempre,
era una alumna modelo, una chef magnífica, una hermosa joven (ahora había
cambiado su apariencia a una chica de unos quince años) y... una acosadora
impúdica.
Aún recuerdo que la noche era la peor hora del día
para mí. Más de una vez desperté a mitad de la madrugada con una mirada felina
observándome de una manera traviesa. Describir lo siguiente sale de sobra.
“¡Nast-kun, silencio!, ¡Pueden oirnos!”.
“¡No me interesa!, ¡¡Salte de mi cama de una vez por
todaaaaaHH!!, ¡Dai-chan, quita las manos de ahí y salte de encima mio!!”.
“Jijiji...”.
“¡¡DAI-CHAN!!”.
“¡Vamos, es sólo un beso Nast-kun!”.
“¡Que no!”.
Por otro lado, Sherra-chan poco a poco parecía volver
a ser la chica marimacho y terca que había logrado convertirse en Ha Shoukan.
Parecía ir olvidando poco a poco lo ocurrido durante la Kouma e incluso a veces
hablaba con ella de cualquier tontería.
Sherra-chan podía mantener esa imagen de mujer dura e
insensible, pero las pláticas con ella me hacían notar que aún quedaba algo de
la niña ingenua escondido dentro suyo. Tal vez sólo tenía miedo y por eso se
escondía.
Dynast-sama... pues en realidad no había cambiado
mucho (a decir verdad, hasta ahora no veo que haya cambiado en casi nada). Así
que no hay mucho que decir. Claro que ver las escenitas que se montaba con Dai
y Sherra era todo un espectáculo.
La pequeña quimera, a diferencia de la general, era
totalmente abierta a demostrar su afecto por Dynast-sama, y las demostraciones
de cariño se hacían más afectuosas si Sherra-chan estaba cerca. Como ya lo dije
antes, Dai era una niña muy inteligente y astuta y se divertía enormidades
molestando a Sherra-chan (no me pregunten, algo tendría que ver con esa mitad
Metallium suya).
Y en cuanto a mi... pues ¿Qué puedo decir?, de una
manera u otra todo este ambiente le había dado un giro de trescientos sesenta
grados a mi vida. De vivir ausente y escondido varios siglos, pasé a ser una
especie de ser omnipresente en el palacio. Cuando no estaba con Dai-chan era
con Sherra y si no con Dynast-sama, y aunque apenas y leía y tenía tiempo para
hacer mis viajes acostumbrados, me sentía de lo mejor, aún a pesar del
incidente de Aoi. Incluso dentro de mí, una pequeña esperanza parecía volver a
cobrar vida, pero esa vida resultó ser más corta de lo que yo hubiera pensado.
Ya estaba más que acostumbrado a las intempestuosas
visitas nocturnas de cierta jovencita precoz, así que esa noche, sintiéndome
con humor particularmente divertido, decidí que la que recibiría la sorpresa
sería ella.
Como cada noche, me metí a mi habitación y espere
pacientemente a que no quedara un solo sonido en todo el lugar, ya que por esas
horas era cuando ella llegaba.
Antes de darle oportunidad a nada, salí del palacio.
Recuerdo que esa noche fue muy extraña, hacía más frío de lo acostumbrado,
había luna nueva... o más bien no había luna e incluso los bosques y parajes
cercanos se veían carentes de vida.
Fascinado por aquel ambiente tan místico y olvidándome
casi por completo de mi treta a Dai, me interné en uno de los bosques de los
alrededores, el aire helado inundando mi garganta y pulmones de demonio y mis
pensamientos perdidos en algún lugar entre la nieve.
“¿Nast...?”.
Una voz detrás mio me volvió al mundo real e
instintivamente me giré poniéndome en guardia, pero mis ojos no estaban
preparados en lo absoluto para la vista que recibirían.
“Nani...?!, ¿¿A—Aoi...??”.
“Sorpresa”.
La joven frente a mi rió y yo apenas podía salir de mi
asombro.
“¿Qué... qué haces tú aquí...?”.
Por toda respuesta, Aoi se me quedó mirando fijo.
“¿Pasa algo...?”. Arqueé una ceja y giré para ver si no había algo detrás mio
llamando su atención.
Ella se limitó a dar un paso hacia mí. “¿Sabes
algo...?, Desde nuestro último encuentro he tenido ganas de verte.
¡¿Qué rayos estaba diciendo?!, Debía ser una broma.
Sin saber muy bien cómo responder, simplemente reí.
“¿Hace cuánto fue eso?... Desde la vez de Dai-chan, ne?.
Aoi asintió.
“Y no sé si en ese momento mi... elección de palabras haya sido la
correcta...”
“Bueno... a decir verdad, yo también dije cosas que no
quería...”. Respondí sinceramente y llevándome la mano detrás de la cabeza.
“Aunque... he tenido tiempo para pensarlo mejor...”,
ella continuó acercámdose hasta que quedó a sólo un paso de donde estaba yo.
Estaba demasiado confundido como para responder algo.
¿En verdad mi esperanza no había sido en vano?, ¿Me había equivocado respecto a
ella?.
“Supongo que he cambiado mucho desde la última vez que
nos vimos...”, terminó de cerrar la distancia entre nosotros para quedar a unos
escasos centímetros de mi.
“Yo... yo te veo igual...” Fue lo único que me
permitieron decir mis nervios.
“Pero no es así...”, repentinamente sus labios estaban
muy cerca de los míos, podía sentir su respiración. “Siempre tuve la curiosidad
de...”, sus labios se cerraron en torno a los míos y comenzó a besarme
suavemente. “Ver como sabían tus labios...”.
“Aoi yo...”, ahogué un suspiro entre el beso. Apenas
podía creer lo que estaba sucediendo, sus labios, aunque extrañamente fríos,
eran suaves, hermosos...
¿Era esto un sueño?.
“Lo sé...”, repentinamente se separó de mi y levantó su mano con la palma hacia mi.”Pero no
puede ser...”, su expresión cambió a una digna del demonio más malvado.
Parpadeé sobresaltado. “¡¿A—Aoi?”.
“Me habría gustado que fuera de otra manera... pero no
la hay”.
No, era una pesadilla.
N ese instante, sentí como todas mis fuerzas se iban
desvaneciendo, estaba inmóvil y mi cuerpo apenas respondía.
“Aggh...” Retrocedí un paso. “¿Q—qué demonios...?”, no
pude moverme más.
Ella sonrió suavemente. “Este hechizo... lo hice
especialmente para ti...”.
Incluso respirar me costaba trabajo, me limité a unos
cuantos quejidos mientras trataba de mantenerme en pie.
Súbitamente ella se detuvo y su expresión tranquila
cambió a una de furia. “¿Qué demonios...?, ¡¡Maldito seas!!”.
Su voz se mezcló con la mía, y el sonido seco de mi
cuerpo cayendo de rodillas sobre la nieve.
“¿¡Por qué no mueres!?, ¡¿Por qué no puedo matarte?!”.
Nunca... juro que nunca antes en mi vida, las palabras
me habían herido tanto. Bien... no opondría más resistencia inútil, ella tenía
todas las de ganar así que le daría gusto, pero antes... antes de eso quería
ver por última vez ese rostro, esos ojos que me habían fascinado por tanto
tiempo. Levanté mi cabeza como pude y olvidándome del intenso dolor por unos
instantes, me perdí en el azul profundo de sus ojos... y al parecer, ella
también en los míos.
“Tú... tú me... ¡NO!, ¡IMPOSIBLE!”, se sujetó la
cabeza al tiempo que se apartaba de mí. ¡¡Maldito seas!!, ¡¡Maldito!!”.
Sus pisadas alejándose corriendo y esos gritos fueron
lo último que escuché.