Capítulo #16

De por qué detesto los secretos

 

Después de aquella noche, de aquel encuentro, y a pesar de lo que se pudiera pensar, nada cambio en mi, ni en mi manera de ser. Era un hecho que no pensaba volver nunca más al norte y realmente sólo esperaba que Sherra viniera en mi búsqueda para matarme por traidor.

Rashat se había dado cuenta de esto y no hacía más que rogarme que pensara las cosas de nuevo, que debía volver con Ha Ou-sama y que quizás las palabras que había pronunciado Aoi esa noche, habían sido verdaderas.

Pero para mí ya no quedaba esperanza alguna, desde hace tiempo las había perdido todas y nada, absolutamente nada había sido capaz de devolvérmelas.

Estaba harto de ser un tonto, de vivir enamorado, de existir torturado. Aquellas voz de Aoi deseando mi muerte jamás había desaparecido de mi mente y lo más curioso es que otra voz, mi propia voz le hacía coro todo el tiempo.

Creo que íbamos de camino al Desierto de la Destrucción cuando ocurrió todo, y es que a partir de entonces todas mis memorias se vuelven confusas una vez más.

Era de madrugada, no había amanecido aún y un escándalo poco habitual despertó al pequeño poblado. Al ponerme de pie para mirar por la ventana, distinguí varias estructuras ardiendo en llamas y como es común, la gente de todo el lugar corriendo y gritando por las calles. Todo señalaba a un ataque sorpresivo, pero ¿Por parte de quien?.

Súbitamente pude sentir una presencia mazoku más desarrollada de lo normal que pude reconocer al instante, el aura de Rash-chan y Raltark también estaba ahí, sin embargo la de Maryuu Ou no.

Salí corriendo de la posada al tiempo que me cubría la cabeza con la capucha, busqué frenéticamente con la mirada a mis compañeras de viaje sin obtener resultados y tuve que saltar para esquivar un montón de madera ardiendo que a poco estuvo de caerme encima. Comencé a avanzar contra corriente de la multitud y no tardé en encontrar a una Raltark inconsciente en el suelo.

“¡Raltark!, ¡Raltark, responde!, ¿Qué ocurrió?”, dije sosteniéndola con cuidado al tiempo que comenzaba un recovery.

Débilmente puso su palma contra la mía para detenerme.

“Ella... corre peligro... ayúdala...” y se desmayó.

Cargué a la joven y la metí en una de las pocas casas que quedaban en pie lo más rápido que pude y salí en busca de Rashat.

“¡Fireball!”, pronto reconocí su voz y me apresuré a dar con ella. Iba a correr en su auxilio, sin embargo, si lo hacía, él podía reconocerme.

“No, no”, sacudió la cabeza. “Tendrás que usar algo mejor si quieres detenerme. No querrás que te ocurra como a tu hermana, ne?”.

Sentí náuseas de sólo escucharlo hablar.

Rashat entonces, enfurecida, sacó su arco y procedió a dispararle varias flechas, que pese a dar en el blanco no hicieron el más mínimo daño a su contrincante. El mazoku se las sacaba como si fueran pequeñas espinas.

“¿De verdad no tienes nada mejor?”, dijo el sacudiéndose la ropa.

“¡Ya cállate idiota!, ¡Flare Arrow!”, pero ni una veintena de estas pudieron hacer nada contra el demonio.

“¿Qué es lo que quieres?, ¡¿Por qué nos atacas?!”, clamó la joven.

“Sore wa himitsu desu...” Y lentamente abrió los ojos mostrando esas purpúreas pupilas. “Basta de juegos Maryuu Shoukan, es hora de que mueras”.

Poco pudo hacer la barrera protectora de la general contra el ataque de oponente, que evidentemente pretendía matarla.

Aproveché entonces la explosión para sacra rápidamente a Rashat de ahí y ponerla a salvo. Una vez se hubo despejado el humo, Xelloss continuó hablando mientras caminaba en busca de su presa.

“¿Dragoncita?, ¿Dónde te metiste?, ¿Quieres que juguemos al escondite o de verdad pude desintegrar hasta tu cuerpo?”.

Rashat estaba inconsciente, pero sabía que cualquier movimiento mío nos delataría así que no me animé a escapar. Sin embargo, Juu Shinkan no paraba de hacer sus comentarios estúpidos y lentamente se iba acercando a donde estábamos nosotros, la desesperación se mezcló con la ira, la impotencia con la adrenalina y antes de que pudiera darme cuenta ya estaba frente a Xelloss plantándole cara.

Sin embargo, no era yo. Algo en mi había cambiado y no hacía falta ver la expresión de extrañeza en el rostro de mi colega para adivinarlo, realmente no era yo.

La confusión de su rostro se borró rápidamente y trató de fingir tranquilidad, una tranquilidad que yo a leguas podía percibir que era inexistente.

“¿Quién... qué es lo que quieres?”. Entrecerró los ojos.

Me sentí tentado a responderle con su propia frase, pero permanecí silente e inmutable.

“No sabía que Maryuu Ou tuviera un demonio a su servicio, lo que más me extraña es que quieras defender a esos traidores... espero que tú al menos si me des buena pelea”.

Lo siguiente que recuerdo fue que me dejé ir contra él sin pensármelo dos veces, a Xelloss le era difícil esquivar mis embestidas y estuve a punto de freírlo en fuego azul permanentemente. Nunca había sentido esa necesidad de matar a toda costa, no estaba seguro de si realmente tenía control sobre mi cuerpo, y sin embargo me dejé llevar sólo para poder vengar a Raltark y Rashat.

Estuvimos así por largo rato hasta que por miedo, aburrimiento o qué sé yo decidió retirarse alegando que de cualquier modo ya había matado a las ryuus, que se había divertido y que esperaba encontrarse conmigo otra vez algún día.

Cuando mencionó aquello de matar a las ryuus cierta parte de mí tomó cordura de nuevo y volví a ser “el de antes” (o quise creer que así era), estaba atendiendo a una Rashat medio inconsciente que sólo balbuceaba frases incoherentes cuando Maryuu Ou-sama llegó con Raltark en brazos maldiciendo a Juu Ou-sama y el resto de mazokus en general. Me preguntó por el combate y le dije lo único que sabía, me agradeció por haber ayudado a sus niñas y decidimos pasar una última noche ahí mientras la sacerdotisa y la general se reponían por completo.

 

 

 

Capítulo #17

 

Capítulo #15

 

Principal

 

alojamiento web gratis
Otros servicios ofrecidos por HispaVista:
Videos y Loterías
Consigue una página web gratis o un
alojamiento web profesional con Galeón