Capítulo #19

De mi relación con Dai y su naturaleza

 

Reía.

Reía como un loco. Como un enfermo.

Reía como poseso y nada ni nadie me podía detener.

Era algo que me sucedía frecuentemente cuando tenía en uso el Nightmare Clash. Tantas emociones juntas, toda esa desesperanza... ¡Y no era sólo la de mi víctima!, ¡También la de sus conocidos era deliciosa!.El temor que infundaba mi pequeño truco era sublime.

Ah... si tan sólo tuviera las palabras para describir todas aquellas sensaciones; incluso hoy en día me perturba y me  avergüenza el sólo hecho de recordar la criatura que era entonces.

¿Por qué pasaba esto?, ¿Había sido a causa de lo de Aoi?, ¿Tuvo algo que ver con Dai?- Pero nada me importaba entonces, podría haber tenido a mi verdadera familia enfrente y les hubiera dicho que se largaran y me dejaran en paz.

Estaba consciente de que mi existencia y mis acciones no habían pasado desapercibidas. Miles de veces había escuchado rumores sobre mí mismo y supuestas razones de por qué lo hacía.

Había también mucha gente buscándome, para darme caza o para enterarse de la verdad sobre mí, muchos incluso se aventuraron a seguirme pero yo hacía como si no me diera cuenta y seguía cobrando vidas, divirtiéndome al comprobar quiénes se mantenían detrás y quiénes se daban por vencidos enseguida. De cualquier modo si me atrapaban, me matarían, justo lo que yo quería que hicieran.

Y sabía que entre los persistentes se encontraba Dai, pero con ella era distinto, trataba de esconderme y huir de ella, avergonzado de mi mismo y avergonzado de no poder controlarme más. Y es que yo sabía también, que si ella me encontraba, me separaría de mis víctimas, de mi esencia, de mi sentido, y entonces, si es que  aún me que quedaba algo de cordura, si que la perdería por completo. (trago)

Ahora que pienso en todo esto, me doy cuenta que lo mío con Dai, muy a mi pesar o no, nunca fue algo auténtico.

Y con esto no me refiero a que sólo hubiera jugado con ella o a que no la quisiera, ¡Claro que la quería y muchísimo!, después de todo, ella había sido una de las pocas personas que alguna vez me había comprendido, que le habían dado algún sentido a mi vida, habíamos pasado muchas cosas juntas y ella era preciosa. ¿Cómo no quererla?.

Quizá mi error fue dejar que nuestra relación avanzara hasta el punto del romance, era una excelente alumna, una gran amiga y sin duda alguna también había sido una amante comprensiva y afectuosa, pero me equivoqué al dejarme convertir en el objeto de su afecto.

Aquella vez, cuando volví a ver a Dai, yo estaba muy confundido, demasiadas cosas habían pasado desde la noche en que Aoi me había atacado y ahora yo andaba por ahí, vagando por el mundo y matando a cuanta criatura se me pasase enfrente por el puro gusto de verlos sufrir.

Y entonces, llegó ella, la pobre quimera a la que nadie prestaba atención y a la que nunca tomaban en cuenta. Mi pobre niña, una muñeca que sólo fue utilizada por “su padre” y el resto de personas que conocía y en quienes confiaba... y yo estaba entre ellas.

Dai siempre había sido mucho más madura de lo que su edad aparentaba, tal vez ella esperaba que al empezar a controlar su apariencia todos empezaríamos a verla y tratarla como lo que era, una joven. Y nosotros al contrario, seguíamos tratándola como una niña pequeña, esto la enfurecía y era entonces que adoptaba su comportamiento infantil, aquel que odiaba y que sin embargo le ganaba nuestra atención. Era un círculo vicioso que ella no podía detener.

Y aquella noche, en sus ojos llenos de lágrimas, había podido ver el reflejo de la luna y el de mí mismo. Entendía su sufrimiento a la perfección, y era simplemente porque yo había pasado por las mismas tristezas que ella más de una vez en mi vida.

Por ejemplo, de pequeño, yo nunca fui más que un esclavo, jamás nadie se preocupó por mí, por conocer mi opinión o saber cómo me sentía, y si se preocupaban por mantenerme vivo era simplemente porque los esclavos eran bastante caros.

Y ví a Dai cuando recién había llegado al palacio, trataba de demostrar su afecto por Dynast-sama cuando él sólo quería verla entrenando y aprendiendo cosas para servirle mejor.

¿Y no había sido igual conmigo?, así es, pero a mi no me afectaba ya que yo estaba acostumbrado a servir, a que nadie se interesara por mí, yo era feliz entre libros y viajes, no necesitaba más.

Pero Dai en cambio no podía asimilar que sólo hubiera sido creada con el propósito de servir a alguien con quien apenas había cruzado dos palabras. Ella trataba por todos los medios de hacerse notar ante Ha Ou-sama, de agradarle, hasta que terminó por resignarse y fue entonces cuando huyó.

Dai se esforzaba porque yo la mirara como una mujer y no como una niña, sabía cuánto sufría yo por todo el asunto de Aoi y llegaba ella a abrazarme o darme algún beso juguetón para distraerme y decirme “¡Hey!, ¡Mírame Nast-kun!, ¡Te quiero y me duele verte así!”, y yo ciego a todo esto, simplemente le quitaba importancia y la hacía a un lado, sin darme cuenta de que Dai era para mí lo que yo probablemente era para Aoi, un juego, un loco cualquiera, una molestia al fin y al cabo.

Durante diez años que había permanecido dormido, Dai era la única que se había preocupado por averiguar qué era lo que me había pasado y la única que me había cuidado, y aún a pesar de que sabía lo que en verdad me había pasado, jamás dijo nada a nadie.

Ella aparentaba ser fuerte y orgullosa, se tomaba las ofensas a broma y se reía de Sherra. Y una vez que le dabas la espalda, lloraba como una niña pequeña que no sabía que hacer, le dolía ver que Sherra, que era fría recibiera más atención por parte de Dynast-sama que ella que estaba hecha de su propia sangre.

Por esta y muchas razones más, fue que me quedé con ella. Al fin había podido ver todo ese dolor y rencor acumulados en sus pupilas rojizas y que también se escondían en las mías. Fue mi propia imagen reflejada en ella lo que me hizo querer permanecer a su lado y no dejar que nadie la lastimara nunca más como me habían lastimado a mí.

Pero a pesar de que estaba resignado a haber perdido a alguien que jamás había tenido, yo no podría protegerla. Estaba demasiado ensimismado con mis asesinatos y mi forma de vida que no pude darle el amor que ella se merecía.

Y al final, terminé huyendo de ella, sin darme cuenta que yo, que me había propuesto protegerla y quererla, era quien la volvía a lastimar ahora.

A veces me pregunto si lo nuestro hubiera funcionado mejor si yo no hubiera estado pasando por esa etapa de asesino, si es que acaso hubiera logrado curar todas sus heridas como me había propuesto, en lugar de abrir viejas y hacer una nueva mucho más grande.

Y la respuesta viene a mi instantáneamente, si yo hubiera estado bien en aquel entonces, quizás ni siquiera hubiera respondido a aquel primer beso.

 

 

 

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