Capítulo #8
De mi
travesía junto a mi prometida
El hecho de poner en riesgo mi
anonimato y otras tantas cosas no me hacia la menor gracia, así
que muy a mi pesar no me quedó otra opción que acompañar a la
Maryuu Ou Shoukan en la susodicha misión que le había sido
asignada.
Raltark se quedaría junto a su Señor
durante el tiempo que fuera necesario y desde luego, a la Miko le
tocaba asegurarse que Maryuu Ou-sama no se enterara de nada sobre
mi.
Me sorprendió bastante el hecho de que
al llegar el momento de la despedida Rashat se le colgara
efusivamente a Raltark y le llamara neechan. ¡Vaya!,
¡Quién iba a sospechar que esas dos chicas eran hermanas!.
Ambas eran mucho muy diferentes en muchos aspectos; desde
el físico hasta el carácter.
La sacerdotisa era una joven reservada,
formal y seria. Mientras que la general era extrovertida y
sumamente impulsiva; no se guardaba una sola emoción. Aunque eso
si, algo que las caracterizaba a las dos, era su dulzura y
educación. Ambas actuaban como un par de damas de la corte.
Rashat jamás me explicó bien lo que
tenía que hacer en su encargo y tampoco me dijo para qué me
necesitaba. Lo único que sabía es que era un asunto relacionado
con dragones al este del continente.
Algo que también me sorprendió, fue
que ella quisiera llegar hasta allá por medios
naturales por así decirlo. Nada de
teletransportaciones ni esas cosas. Rashat solía decir que no
había caso en viajar si no aprovechabas el viaje. No puedo negar
que tenía mucha razón, así que estuve de acuerdo en eso.
Durante el viaje, la joven ryuu no dudo
en mostrarse tal como era frente a mi. Aún a pesar de que
éramos en cierta forma rivales. (lleno la copa de
nuevo... ¡¿Cuántas llevo ya?!)
Rashat pronto se hizo de manías como
la de colgárseme por atrás, abrazarme o llamarme
Nast-kun. Además le encantaba clamar que era mi
novia y que pronto nos íbamos a casar.
La verdad es que todo el asunto era
bastante divertido y no me molestaba en lo más mínimo (aunque
me tomó algo de tiempo acostumbrarme a viajar con compañía).
Desde luego, nuestra relación jamás
evolucionó en ningún sentido amoroso, pero la pasaba genial con
Rash-chan haciendo todo eso.
Cierto día, durante una feria en
Atlas, quise comprar algunos libros. Rash-chan no era muy afecta
a la lectura, así que prefirió dejarme con mis asuntos e irse a
dar una vuelta por el lugar.
Una vez terminé con mis compras, fui a
buscar a mi prometida al lugar donde habíamos
acordado encontrarnos.
No era cosa rara que a ella le diera
por conversar con extraños y hacía amistad muy fácilmente con
la gente. Así que al percatarme de una silueta desconocida
conversando con ella, no me sorprendí en lo más mínimo.
A escasos metros de que yo llegara
junto a ellas, la joven de cabello y ojos azules hizo lo que
parecía ser un gesto de agradecimiento acompañado de un ademán
de despedida y se alejó corriendo.
Nast-kun... ¿La conoces?.
Fue lo primero que me preguntó Rashat una vez estuve a su lado.
Por toda respuesta yo negué con la cabeza.
Ella frunció el ceño como tratando de
entender.
¿Ocurre algo?.
Su expresión volvió a ser la misma de
siempre. ¡No!, ¡No es nada!, y de un salto se paró
a mi lado y me tomó del brazo para arrastrarme por todo el
pueblo y mostrarme cosas.
El caso es que por alguna razón, desde
aquel día pareció olvidarse de todo el asunto de los novios y
lo demás. (trago)
El día que por fin llegamos a nuestro
destino, casi muero de la impresión cuando la general me
explicó de que trataba todo el asunto.
Gaarv-sama quiere que saques a
todos estos dragones de aquí.
Bueno, eso es muy sencillo,
me troné los dedos de ambas manos. Los dos tenemos espadas
y...
¡No!, Sólo quiere que se vayan.
No los quiere muertos.
Arqueé una ceja. No comprendía muy
bien el asunto. ¿Y qué pinto yo en todo esto?.
Verás... es algo bastante tonto
pero... la gente de aquí está bastante acostumbrada al clima
cálido y esas cosas, así que se me ocurrió que una buena
nevada sorpresa los haría salir corriendo. Además...
pues..., comenzó a jugar con sus dedos.
¡Yo no sé usar hechizos de
hielo!. Finalizó con una sonrisa y una gota mientras yo me
caía de espaldas.