Wo Ai Ni
-¿Estás
segura de esto Miaka...?.- Susurró. -No tengo poderes... -
-Tú me
llamaste...- Sollozó en el abrazo. –Es por eso... ¡Es por eso que regresé!.-
-¡Miaka!.-
Taka la abrazó más fuerte.
Ella
sonrió, dulcemente. –Tú eres todo lo que veo. En uno... por favor... hazme una
contigo. Siénteme, para que pueda ser tu todo...-
Una vez
más, la luz rojiza del dios fénix los iluminó ligeramente mientras se besaban,
y abajo, en las instalaciones de la preparatoria Yotsubadai, Keisuke Yuuki
intentaba ganar algo de atención por parte de su mejor amigo y Yui que seguían
abrazados.
****
Miaka
se dejó caer boca arriba sobre la cama mientras besaba a Taka, quedando de ésta
manera él sobre ella.
Al
romper el beso, ambos quedaron perdidos en la mirada del otro por unos
instantes que parecieron una eternidad.
Mirando
esos ojos color niebla, tan dulces, tan brillantes. Un escalofrío recorrió el
cuerpo de la joven para después ser secundado por una calidez indescriptible.
-Taka...-
Susurró ella.
Él le
sonrió y comenzó a besarla suavemente en el cuello.
Era
casi media noche, y se puede decir que cierta magia envolvía el ambiente.
El
apartamento. La habitación del joven Sukunami era apenas iluminado por la tenue
luz de la luna y las estrellas... esas estrellas que siempre los habían
observado a través del tiempo y el espacio...
Lo
amaba... lo amaba tanto... como jamás había amado a nadie. Y sabía que jamás
amaría a nadie más así, porque él era el único. La única persona que existía
para ella en el mundo entero.
Miaka lo
abrazó más fuerte, y Taka hizo lo mismo.
Se
sentía tan bien en sus brazos. Desde la primera vez que estuvo en ellos esa
sensación no había cambiado en lo más mínimo, más bien se acrecentaba día con
día.
Y Taka
también lo sentía. Al abrazarla, era como si la estuviese protegiendo de todo,
de cualquier cosa o persona que se atreviese a tocar siquiera un cabello de
Miaka.
Tú eres yo, no lo olvides,
Taka había desabotonado la parte superior la blusa de Miaka y desató cuidadosamente la corbata azul del uniforme para poder besarla con más facilidad. Con cada beso, Miaka se estremecía. Apretó contra su pecho la cabeza de su amado, mientras sus dedos se perdían entre el cabello color esmeralda.
Taka
entonces, detuvo su labor para volver a probar los labios de Miaka, mientras
ella ahogaba un suspiro. Taka lamió ligeramente los labios de Miaka y ella,
como respuesta abrió sus labios para profundizar el beso. Las lenguas de ambos
exploraban y jugueteaban a su antojo; no era la primera vez que lo hacían desde
luego, pero se sentía como si lo fuera... y al mismo tiempo no. Era algo
bastante difícil de describir con palabras.
Miaka
trató de enderezarse sobre la cama, lo que hizo a su prometido apartarse
confundido.
Una vez
ella estuvo recargada en la cabecera de la cama, le sonrió y extendió sus
brazos atrayéndolo a ella de nuevo para abrazarlo.
Entonces
ella, comenzó a hozar en el cuello de Taka, dejando alguno que otro beso
húmedo. Él suspiró, pero el suspiro sólo se hizo más grande cuando Miaka subió
hasta su oreja izquierda y comenzó a besarla y mordisquearla suavemente.
Taka la
abrazó más fuerte... como no queriéndola dejar ir... como queriendo permanecer
así por siempre.
La que
alguna vez fuese Suzaku No Miko sonrió para sí, y sin dejar de mordisquear la
oreja de Taka, deslizó sus manos hasta que estas pudieron comenzar a
desabrochar la camisa de su amado.
Taka
entonces, dejó de abrazarla y tomando sus manos entre las suyas, le ayudó con
los botones restantes. Acto seguido, Miaka comenzó a acariciar el pecho desnudo
de Taka.
Él,
mientras tanto se las había arreglado para hacer lo propio con la blusa de
Miaka y ahora sus grandes y fuertes manos estrechaban la espalda de la joven.
Miaka
se detuvo por unos segundos y suspiró profundamente.
-¿Miaka?...
Disculpa yo....-
Ella
rió suavemente.
-¿Qué
sucede...?-
-¿Lo
recuerdas?.-
Taka
permaneció en silencio, aún abrazado a ella.
-Nuestro
primer beso, aquella ocasión cuando me escapé a Kutou para buscar a Yui-chan.
¿Lo recuerdas, verdad?.-
El ex-seishi
permaneció en silencio.
No
importaba, aún si ahora no lo recordaba, sabía que tarde o temprano lo haría.
-Recuerdo que yo te pedí que dejaras de arriesgarte por mi, que no quería que
te hicieras daño...-
-Aún
ahora lo haces...- Sonrió él.
Miaka
rió y continuó con su breve relato. –Tú me dijiste que no te importaba en lo
más mínimo, porque estabas enamorado de
mi.- Hizo una pequeña pausa. –Y entonces tú...-
La
frase de Miaka se vió interrumpida por una acción igual a la que alguna vez en
un lugar lejano ocurriese.
Ella
entonces cruzó sus brazos por detrás de la nuca de Taka y se pegó más a él
haciéndolo caer sobre su espalda.
Se
separó del beso. -¿Lo recordaste...?.-
Taka
negó. –No estoy muy seguro... sólo sentí, que eso es lo que debía hacer...-
Miaka
sonrió y lo besó una vez más, pero en esta ocasión sus labios abandonaron
rápidamente los de Taka, para seguir camino abajo lentamente. Primero por su
barbilla, su garganta, su cuello... Miaka iba dejando un ligerísimo rastro de
saliva por donde pasaban sus labios, así hasta llegar a su pecho.
Taka se
arqueó dejando escapar un leve gemido al sentir los besos de Miaka en su pecho,
y por toda respuesta la estrechó, haciendo el contacto de los cuerpos más
fuerte.
¿Cuánto
tiempo hacía ya que la conocía?... alrededor de 6 o 7 meses, aunque... no, en
realidad ya había pasado más de un año desde que se conocieron en el
Shijintenchisho, sabía que habían vivido muchas cosas juntos, habían pasado
tantos peligros en compañía del otro, habían disfrutado tantos buenos momentos...
si, lo sabía, aunque no lo recordaba del todo.
De
cualquier manera, ¿Eso qué importaba?. 7 meses, 1 año o una eternidad no tenían
un significado verdadero para los sentimientos que existían dentro de su ser.
Aún si la conociese de hace 5 minutos, esos sentimientos, ese amor tan profundo
sería el mismo sin duda alguna.
Pero nunca entregaré el deslumbrante y galante universo, estrella
Una
nueva corriente de emociones recorrió el cuerpo del chico, al sentir como Miaka
comenzaba a lamer y mordisquear suavemente uno de sus pezones.
El
gemido de Taka fue más sonoro esta ocasión, pero fue rápidamente secundado por
uno de Miaka, provocado por la sensación de las puntas de los dedos de él, rozándose,
recorriendo de arriba a abajo el bien proporcionado cuerpo de la
ex-sacerdotisa.
Mientras
Miaka dirigía sus atenciones al otro pezón de Taka, éste continuó recorriendo
el contorno de todo el cuerpo de ella, pero ya no con las puntas de los dedos, sino
con las manos. Cuando de nuevo iba hacia arriba, sus manos se enredaron con la
falda de la joven, así que suavemente deslizó sus manos hasta la parte baja de
la espalda de Miaka y comenzó a desabrocharla lo mejor que podía.
Miaka
soltó un suspiro al sentir como su falda iba lentamente deslizándose por sus
piernas, hasta que llegó un momento en que dejó de sentirla, y con ayuda de sus
pies acabó de deshacerse de ella y ya de paso, de sus calcetas también. Taka
hizo lo propio con sus calcetines.
Miaka
entonces, retrocedió un poco para acomodarse mejor y así quedar sentada sobre
los muslos de Taka. Permaneció así, por unos instantes, contemplando al joven
que yacía frente a ella. Él permaneció inmóvil, levantó la mirada hasta que sus
ojos se encontraron con los de Miaka y se congelaron ahí.
Manteniendo
su mirada, la ex-sacerdotisa sonrió suavemente, y éste gesto fue correspondido
por una sonrisa igual de cálida por parte de su compañero.
-Miaka...-
Susurró él, aún sonriendo.
-Taka...-
Respondió ella al tiempo que él extendía los brazos para atraerla a sí
nuevamente y acomodándola sobre su pecho.
La
chica rió suavemente.
-¿Qué
ocurre?.- Dijo él acariciando su cabello.
-Tus
latidos...puedo escuchar los latidos de tu corazón...-
Efectivamente,
Miaka podía escuchar claramente el palpitar del corazón de Taka, como muchas
veces antes había podido hacerlo; pero esta ocasión era distinta, además de
escuchar, podía sentir. Toda aquella calidez, ese sentimiento... cerró los ojos
un instante al tiempo que dejaba escapar un leve suspiro.
Taka
sonrió sin dejar de acariciar el cabello de su amada y extendió la otra mano
para acariciar su espalda, aún cubierta por la blusa.
Miaka
suspiró de nuevo y abrió los ojos, reincorporándose. Se acomodo de nuevo para
volver a besar su pecho, pero esta vez bajando más, hasta su estómago, mientras
recorría el pecho desnudo de Taka con sus manos.
Él, por
su parte, dejó escapar un hondo suspiro y sin quitar la mano derecha de la
cabeza de Miaka, seguía revolviendo su cabello lenta y suavemente, mientras
ocupaba la mano que estaba en la espalda para masajear suavemente su nuca.
Miaka
continuó bajando, hasta que se topo con los pantalones de Taka. Después de
dudarlo por unos instantes comenzó a desabrochar su cinturón, para luego, sin
mucho esfuerzo desabotonar el pantalón. Lentamente, bajó el cierre y dirigió
sus manos a los costados de la cintura de Taka, agarrando el pantalón y
preparándose para tirar de él.
Aún,
sin hacer nada, podía percibir claramente que el pulso y la respiración de Taka
se iban acelerando, y aunque en un principio no era su intención, las
reacciones comenzaban a divertirla e interesarla, así que decidió probar otra
cosa y seguir jugando un poco.
Tiró
ligeramente hacia abajo, ni mucho ni poco, pero lo suficiente como para dejar
al descubierto más de lo debido. Entonces dirigió sus manos de nuevo al centro
y descubrió la tela que acababa de desabotonar, para encontrarse con algo que
definitivamente esperaba, pero aún así le sorprendió.
Haciendo
a un lado cualquier recato y a pesar del rojo ardiente que cubría sus mejillas,
extendió lentamente su mano derecha y con las puntas de los dedos lo acarició
de abajo hacia arriba, apenas rozándolo.
Los
jadeos lentos e inaudibles que hasta ahora había dejado escapar el chico, se
tornaron en un sonoro gemido acompañado de un arqueo y estremecimiento de todo
el cuerpo.
Miaka
lo miró, tendido frente a ella, respirando agitadamente, con los ojos
entrecerrados y el pecho descubierto. Luciendo tremendamente sexy, irresistible
y... completamente a su merced.
Las
mejillas de la chica se sonrojaron aún más, le sorprendían sus propios
pensamientos, sin embargo su instinto se antepuso y sin pensárselo mucho volvió
a recostarse sobre el cuerpo de Taka, besando su estómago suavemente, y luego
comenzó a ascender de nuevo, recorriendo lenta y ligeramente el perfecto cuerpo
de Taka con la lengua, así hasta toparse de nuevo con sus labios.
El
chico estaba incontenible y al suave roce de los labios de Miaka la rodeó con
sus brazos estrechándola fuertemente y besándola con mucha más intensidad que
las ocasiones anteriores, la propia Miaka estaba sorprendida de los resultados
de su pequeño “juego”.
Aún en
el beso, Taka empezó a recorrer su espalda que aún estaba cubierta por la
blusa, subió un poco concentrándose en sus hombros y en cuestión de nada se
había deshecho también de la prenda que en estos momentos no era más que un
estorbo.
Pero
eso no era suficiente, no ahora, así que mientras acariciaba su espalda recién
descubierta, comenzó a ocuparse de desabrochar el sostén de Miaka.
La
joven ahogó un suspiro entre el beso y trató de encontrar una mejor posición
sobre el cuerpo de Taka, motivando a éste último a apresurar su labor. Pronto,
Taka había conseguido desabrochar el sostén y sus manos no cesaban de trazar
figuras sobre la piel de Miaka, quien volvió a gemir suavemente entre besos y
caricias.
Miaka,
ahora con el pecho desnudo se levantó un poco para mirar a Taka, quien le
sonrió dulcemente, como siempre, con esas sonrisas que podían derretirla.
Es tan dulce y doloroso que tal vez derrame lágrimas, estoy amando
ahora
Al momento que deseo “vivir” por ti también, mi
corazón se fortalece
El
chico se reincorporó ligeramente y tomó los hombros de Miaka, perdiéndola de
nuevo en un beso. Se apoyó en la cabecera de la cama hasta que ambos volvieron
a quedar sentados y entonces, comenzó a acariciar su cuerpo suavemente, sus
hombros, sus brazos, así hasta llegar a su pecho.
Ella se
estremeció por completo al tacto de Taka, acción que lentamente se convirtió en
un suave gemido mientras Taka acariciaba su pecho, firmemente pero al mismo
tiempo en una manera suave.
La
respiración agitada de Miaka se vió interrumpida por una nueva exclamación de
placer cuanto Taka dirigió su atención a sus pezones, para unos instantes
después separar sus labios de los de Miaka y trazar un camino de besos que iba
desde su barbilla hasta sus pechos.
-Taka...
Taka yo...- Eran las únicas palabras que lograba pronunciar.
El
chico de ojos grises sabía que ahora era su turno y mientras besaba y
mordisqueaba uno de los pezones de Miaka, deslizó una de sus manos lentamente
hacia abajo, apenas rozándola.
Como
era de esperarse, Miaka soltó otro gemido, esta vez más sonoro, sintiendo como
si una corriente eléctrica recorriera todo su cuerpo.
Taka se
concentró entonces en besar el otro pezón y sus manos recorrieron sus muslos
suavemente hasta llegar a la parte baja de la espalda de Miaka.
Con cada beso, cada roce, cada caricia, la respiración de la ex-Suzaku No Miko se aceleraba más y más, para cuando pudo darse cuenta, ya estaba tendida en la cama de nuevo y Taka cuidadosamente terminaba de deshacerse de la última prenda que le quedaba, exhaló, algo cansada.
Taka la
miró, ahora los papeles se había invertido y la que yacía sumisa e indefensa
frente a él, era Miaka. Entonces, acomodándose un poco hacia atrás, comenzó a
abrir las piernas de Miaka sutilmente y sin pensarlo mucho comenzó a besarla.
Miaka
se arqueó e instintivamente se aferró a las sábanas que cubrían la cama,
prolongando un hondo gemido que fue secundado por unos más pequeños. Taka
profundizaba sus besos, incluso jugueteaba y Miaka se iba perdiendo cada vez
más, incapaz de formular alguna idea coherente.
Quería
complacerla, darle todo, hacerla sentir como nunca. Ella no sólo era su novia o
una princesa a la cual debía proteger, era su todo, su razón de vida y
cualquier cosa era poco para agradecerle.
Las estrellas brillan ansiando despertar, venciendo a las lágrimas
Me vuelvo capaz de hacer feliz a una sola persona
No pudo
evitar relamer y saborear sus labios al momento de separarse, después de todo
era Miaka a quien había probado y quería disfrutar todo de ella.
Miaka
comenzaba a calmarse, tenía los ojos entreabiertos y aún jadeaba ligeramente.
-Gracias...-
Apenas alcanzó a murmurar.
Él
sonrió al tiempo que se recostaba cuidadosamente sobre ella. –No fue nada.- Y
la besó suavemente en los labios.
Miaka
suspiró.
-Gracias,
por existir.- Completó su anterior frase.
-Existo
por ti...-
Entonces
apoyó la cabeza de Taka sobre su pecho y revolvió vagamente los cabellos
turquesa del joven.
-Te amo
Taka...- Murmuró.
-Y yo a
ti...-
Para que todo esté protegido, brilla estrella de amor
Pasaron
así unos instantes, hasta que Miaka comenzó a buscar la manera de sentarse. Él
le dirigió una mirada entre extrañada y sorprendida mientras se separaba para
darle espacio, pero ella sólo respondió guiñándole el ojo pícaramente.
Con
fuerzas que parecían haber salido de la nada, Miaka se dejó caer sobre él
juguetonamente, invirtiendo los papeles una vez más Se apretó más contra Taka y
lamió fugazmente el labio inferior de Taka. La respuesta a la incitación de la
joven no se hizo esperar y ambos se vieron envueltos en otro apasionado beso al
tiempo que Miaka terminaba por deshacerse de la ropa que aún le restaba a Taka.
Aún
besándolo, deslizó su mano derecha hacia abajo hasta dar con él, está ocasión
sintiéndolo por completo.
Comenzó
a acariciarlo mientras se apoyaba con la mano izquierda para bajar. Taka no
pudo darse cuenta en qué momento sus labios abandonaron los propios para
dirigir sus atenciones a otra parte de sí.
Miaka
no sólo lo besaba y lamía, sino que también lo acariciaba. Quería responder de
igual o mayor forma a las atenciones de Taka. No sólo por esta noche, sino por
cada noche, cada día, cada instante que había pasado a su lado durante todo
este tiempo.
Súbitamente,
sintió su boca llena. No pudo evitar sonrojarse ante este hecho y sin embargo,
tragó queriendo ella probar también hasta la última gota de su ser amado. Se
reincorporó lentamente mientras limpiaba los rastros que quedaban con la punta
de sus dedos y miró a Taka, sus exhalaciones haciéndose cada vez más suaves.
Pero él no quería dejar las cosas así, no podía, así que reuniendo unas pocas fuerzas, extendió sus brazos invitando a Miaka a acercarse a él de nuevo.
La felicidad y dolor supremos
Vienen a probar al más fuerte amor.
Ella
comprendió perfectamente y se abrazó a él. Comenzó a besarlo, a intercambiar
esencias. Ambos pudieron probarse antes, pero ahora ambos se combinaban
haciéndose el mismo.
Las caricias y besos no cesaban, pero ambos sabían que no era suficiente, que eso no les bastaba y que necesitaban el uno del otro más que nunca. Giraron suavemente revolviendo las sábanas entre cariños y Taka estuvo una vez más sobre ella, haciéndose cada vez más y más ansiado aquél momento que ambos deseaban tan profundamente.
Él se
separó un poco y se perdió en la mirada castaña de Miaka. –Miaka...- Susurró.
-¿De verdad quieres...?.-
Ella le
sonrió suavemente y extendió una mano para acariciar su cuello. –Más que nada
en este mundo...-
-Yo
también...- Finalizó él mientras volvía a besarla suavemente y se acomodaba
sobre ella.
Miaka
comenzó a sentirlo entrar en ella, su respiración y sus latidos acelerándose
nuevamente, y lo abrazó más contra sí.
-Tú
eres yo... yo soy tú... nos hacemos uno, así es como debe ser...
El
cuerpo... no es suficiente, quiero dártelo... todo...
Entregar
el alma mutuamente... sentimientos que fluyen desde lo más profundo del
espíritu... intensos, cálidos e infinitos...-
Un dolor punzante, algo rasgándose dentro de sí acompañado de un grito y lágrimas la hicieron salir de sus pensamientos.
No puedo remediar estar enamorada de tí, extendiendo nuestro
contacto
Este dulce y anhelado tesoro es irrompible, amor
Taka no
pudo evitar sentirse culpable, es decir, a pesar de que había tratado de ser
gentil ahora la estaba lastimando, y eso era algo que jamás se había podido
perdonar.
Miaka
sollozó aferrándose a la espalda de Taka mientras él abandonaba el cuello de la
joven para besarla de nuevo en los labios, en un intento por aminorar el dolor.
Miaka
pudo sentir la preocupación de Taka, quería decirle que estaba bien, que no le
hacía daño y que podía seguir adelante. Pronto esos pensamientos se
transformaron en palabras de gratitud por calmar su dolor, por ser uno con
ella, por amarla, palabras que aunque no eran pronunciadas, sabía que Taka las
entendía a la perfección.
Una vez
más, jamás nos separaremos el uno del otro...
El
dolor casi había desaparecido por completo, y en su lugar un placer infinito e
intenso los inundaba a ambos. Taka ahora podía entrar y salir con más confianza
y no tardaron en tomar un ritmo. Cada vez el abrazo se hacía más y más
profundo, el momento final se acercaba.
Taka
sabía que era algo muy improbable, casi imposible, pero quería llegar a la
cumbre junto con ella. Juntos habían iniciado y así juntos habían recorrido
todo el camino. No sería justo que él llegara antes que ella.
Miaka
entonces dejó de acariciar la espalda de Taka y buscó sus manos, para entrelazarlas,
las apretó fuertemente como aferrándose a él, como si no quisiera dejarlo ir,
para no separarse de él nunca.
El
chico entonces no pudo más, un profundo gemido placentero, mucho mayor que los
anteriores se dejó escuchar en la oscuridad de la habitación. Miaka abrió los
ojos y por unos instantes, creyó ver el símbolo rojo del ogro, brillando como
nunca en la frente de Taka, pero algo la obligó a cerrar los ojos de nuevo,
pudo sentirlo dentro de ella, aún más; llenándola, abrazándola, quemándola, y justo
en ese momento otro gemido, ésta vez por parte de ella, se hizo sonoro.
Ambos
estaban ahí, en el clímax, habían llegado a lo más alto juntos y sentimientos
indescriptibles invadían cada partícula de sus cuerpos, cada rincón de sus
almas. Miaka volvía a llorar, pero esta vez, de felicidad.
-Miaka...-
Susurró después de unos instantes.
-¿Si...?.-
Respondió ella, aún con el rostro bañado en lágrimas.
-Cálida...-
Separó sus manos para abrazarla. –Eres... muy cálida.-
Y ella
respondió abrazándola con todo su ser. –Tú también Taka... eres cálido...-
Suavemente,
el chico salió de ella, teniendo cuidado en sus acciones. Miaka que ya se había
acomodado boca abajo, suspiró al sentir como el chico que estaba sobre ella, la
abrazaba.
-Ne...
me gustaría fundirme así contigo, por siempre...-
-Y así,
sin razón, estar juntos ambos...-
Aún si heridas y precipicios me obligan a desistir, no huiré ahora
Por mí viniste desde atrás dando lo mejor de ti, me hace sentir
orgullosa
Taka besó suavemente cada una de las lágrimas restantes, y por último volvió a probar los labios de Miaka.
-Aahh...-
Miaka que estaba sentada lo abrazó contra su pecho.
Luego
volvió a acostarse sobre él, besándolo tiernamente.
-Quisiera fundirme contigo... estando los dos juntos, por completo... olvidando la soledad... sin tener que separarnos...-
-Si...-
Murmuró Taka mientras jugaba con el cabello de Miaka.
-¿Qué
cosa...?.- Respondió la joven que estaba recostada en su pecho.
-Bueno,
es que creo que hay algo que debería decirte... tú sabes, algunas palabras para
que no haya quejas...-
Miaka
parpadeó algo extrañada sin entender bien.
-Algo
así como...- Se colocó de nuevo sobre ella y susurró a su oído. –Te amo...-
Miaka
sonrió y lo abrazó. –No hay ninguna queja, eso basta para mi...-
-Quisiera...
ver las estrellas...-
Miaka
volvió a parpadear un par de veces.
Taka se
separó un poco para mirarla a los ojos.
-En mi
pueblo, solía ver mucho las estrellas... ahora, me gustaría verlas con mi
familia...- Se acostó a su lado sin separar la mirada un instante.
-¡Cuando
todo esto termine quiero que volvamos allá y las veamos juntos!.-
Miaka
se quedó sin habla por unos instantes, conmovida por aquellas palabras.
-S...
¡Si!.- Se abrazó a él cariñosamente.
-Te amo
Taka.- Susurró.
-Wo ai ni Miaka...- Finalizó él, antes de que el sueño lo venciera.
Las estrellas rezan siendo liberadas, atravesando tormentas
Mientras tenga al menos una persona a quien amar
Miaka
se sorprendió ante esto, entonces, a pesar de todo, Taka si era Tamahome. Taka
era Tamahome y no aquél Tamahome que había visto en el pergamino.
Y aún,
si no lo fuera, no le importaba realmente. Acarició su mejilla. –Te amo...-
-Quiero, que ambos seamos felices...- Se sentó en la cama, mirándolo.
-Taka,
por favor... dame la fuerza para proteger a nuestros seres amados... por
favor...-
Dejó
escapar unas cuantas lágrimas más, y al final se abrazó a su pecho para
quedarse dormida junto a él, junto a la persona que acababa de hacerse uno con
ella, junto a la persona que amaba más que nada en este universo.
Hoy más que ayer, brilla estrella de amor
Notas Finales
Y
bueno, al fin después de mucho terminé mi primer lemon ^^. Irónicamente lo
terminé en una de mis mayores depres de los últimos tiempos, ¿No es lindo ^^U?.
Bueno,
unas pequeñas aclaraciones para quienes no han visto el OVA o leído el manga.
La historia se ubica en lo que es la noche antes de la batalla final contra
Tenkou, y justo después de que Miaka dejara al “Tamahome” del pergamino.
He de
confesar que lo que hice aquí fue un gran collage del OVA, del manga y de mi
propia imaginación, así que si algunos diálogos (los del final más
específicamente ^^U) no concuerdan mucho, culpen a mi pobre y miserable japonés
^^;;.
Por
cierto, lo que está en rojo es la traducción de “Star”, el opening de los
OVA’s, y es que la canción venía demasiado bien como para no incluirla. Así que
aquí está mi primer lemon-songfic-etc-etc, críticas, amenazas y bombas serán
bien recibidas en ame@nuriko.zzn.com muchas gracias ^^.
Eien Wo Ai Ni...